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¿Tiene derecho la trabajadora a cubrirse con el velo islámico?
Antonio V. Sempere Navarro - 02/06/2017-06:00

Dos soluciones recientes.- La respuesta al interrogante se halla en dos conocidos casos de despido resueltos por Luxemburgo (SSTJUE 14 marzo 2017, C-157 y 188/15). Se justifican porque la Directiva 2000/78 proscribe la discriminación, tanto directa como indirecta, en el empleo o la ocupación con base en la religión o convicciones.  El concepto de “religión” debe interpretarse en sentido amplio: no sólo abarca fe o creencias (forum internum), sino también la práctica o manifestación de esa religión hacia el exterior (forum externum).

Caso de Samira Achbita.- Esta recepcionista comienza a tocarse con pañuelo islámico, desatendiendo el reglamento interno de la empresa (el cual impone la neutralidad política, filosófica o religiosa en el lugar de trabajo). El TJUE no considera discriminatorio el despido porque preexiste una regla general, expresa y previa, aunque deja la puerta abierta a la existencia de una discriminación indirecta si se acredita que tal prohibición interna comporta una desventaja específica a quienes profesan una religión determinada.

Caso de Asma Bougnaoui.- Esta ingeniera comenzó a trabajar luciendo un pañuelo a modo de cinta y luego pasó al velo islámico, hasta que un cliente presentó una queja, lo que induce al empleador a prohibírselo. Se considera existente la discriminación porque no se exige a todos los empleados y porque no se ha acreditado que estemos ante un “requisito profesional esencial y determinante”, sin que el deseo de un tercero pueda considerarse como legitimador de la prohibición.

Valoración.- Es una suerte que haya dos sentencias paralelas y que los fallos sean diversos, porque así se evidencia el modo en que debe abordarse el problema: valorando todas las circunstancias (voluntad empresarial de ofrecer una imagen de neutralidad en las relaciones con los clientes, idoneidad de la medida concreta a la vista de las funciones de la trabajadora, posibilidad de cambiarla de destino, etc.). Aunque pobremente argumentado, posee interés el apunte sobre el examen del modo en que se trata al resto de signos religiosos (no solo a los musulmanes), así como la atención al modo y momento en que surge la decisión empresarial

Contextualiación.- Los interrogantes acerca de estas cuestiones son tan frecuentes en el terreno de las relaciones laborales como las respuestas matizadas, alejadas de extremismos. No es lo mismo manifestar convicciones religiosas mientras se realizan labores de albañilería que cuando se imparte una lección al alumnado; tampoco es indiferente la materia que se enseñe (matemáticas o filosofía) o el centro académico (público o privado, con o sin ideario, etc.), y así sucesivamente. Empresas con ideario, actividades de tendencia o principios de proporcionalidad (idoneidad de las restricciones, necesidad de los límites, justificación objetiva y razonable) son parámetros recurrentes.

Como tantas veces se ha dicho, el contrato de trabajo no comporta la privación de los derechos constitucionales pues ninguna de sus partes; los derechos de todos y cada uno de los empleados, eso sí, se modalizan e interaccionan. Intimidad, propia imagen, convicciones, expresión, residencia, integridad física y moral, honor, no discriminación… son derechos cuyo alcance ha de examinarse en cada caso a la vista de cuantos principios y normas contiene nuestro ordenamiento.

Recomendaciones prácticas.- En el Estado de Derecho la solución judicial dista de ser la única, mayoritaria o preferible, para los problemas sociolaborales, aunque constituye un indispensable elemento de cierre. Por eso es pertinente la reflexión al respecto aun cuando el tema sea, las más de las veces, pacífico.

En casos parecidos nuestro Tribunal Constitucional da pistas que han de ponderarse a la hora de abordar estos temas. La modulación de los derechos fundamentales del trabajador sólo ha de producirse en la medida imprescindible para el correcto y ordenado desenvolvimiento de la actividad productiva. Afortunadamente, las dos resoluciones noticiadas sobre el velo islámico muestran a un TJUE razonando del mismo modo que lo hacen los grandes Tribunales (nacionales o regionales) cuando abordan el alcance de los derechos fundamentales. Lo contrario sí hubiera sido muy preocupante. El debate acerca del alcance último de las dos sentencias, sin embargo, es el normal y lógico.

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